Difícil adivinar lo que pasa por la mente de un asesino. Tendríamos que adentrarnos en su interior para poder comprenderlo...si que es que ésto es posible.

Jack El Destripador - Tras Su Pista

Posted by Oleal Crímenes On lunes, 28 de febrero de 2011 2 comentarios

Considerado el primer asesino en serie moderno, la morbosa figura de este criminal de los bajos fondos londinenses sigue envuelta en el misterio ciento veintidós años después de su primera actuación.
A pesar del obsesivo interés por su figura, los ríos de tinta gastados en tratar desenmascararle han sido en vano, la especulación ha vencido la verdad y sólo nos ha quedado el misterio.
Lo único cierto es que una serie de horrorosos crímenes, inicialmente conocidos como los “asesinatos de Whitechapel”, aterrorizó esa empobrecida zona del este de Londres.

Witechapel

A ciento veintitrés años de haberse cometido, la identidad del asesino (o asesinos) permanece en el anonimato. Aparte de esto, también parece claro que los crímenes fueron actos indiscriminados propios de un asesino en serie que carece, en el sentido estricto de las clásicas excusas para matar, y que no mata por celos, venganza o avaricia. Asesina porque tiene un deseo irreprimible de hacerlo. Casi siempre obtiene una excitación sexual al matar y mutilar.

(Arthur Conan Doyle)

El anonimato del asesino ante una policía impotente y el salvajismo de los asesinatos reflejados en la prensa abonaron la leyenda de Jack. Las víctimas, prostitutas ocasionales, eran asesinadas en lugares públicos, en las callejuelas putrefactas y oscuras de la ciudad. La forma de las heridas, indicaban que el asesino presuntamente tenía cierto conocimiento de anatomía. Pero ¿quién fue realmente este verdugo?

Muchos son los sospechosos que tanto la policía de esa época como modernos investigadores han denunciado como la persona que estaba detrás de la misteriosa sombra de Jack, el destripador. Muchas de ellas son verdaderas especulaciones, como el caso del afamado escritor Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes, quien sospechaba que el verdadero asesino no era un hombre, sino una mujer quien se disfrazaba de hombre para despistar a los miembros de Scotland Yard.

No obstante, esta teoría nunca fue tomada en serio y la posición tanto de agentes como de investigadores fue la de buscar a un hombre, esto no sólo por algunos testimonios recibidos sino también porque probaba la facilidad con que éste tenía acceso a las prostitutas.
También se consideraba probable que el asesino supiera el manejo de alguna herramienta filuda o quirúrgica debido a las mutilaciones que realizaba a sus víctimas, ante esto último eran conocidas las sospechas que el asesino sería un médico, por ello, muchos describían a Jack como un sujeto que llevaba siempre un maletín de doctor, y por último, se sabía que el hombre conocedor de armas punzo cortantes era diestro, por las cortadas de izquierda a derecha que realizaba.

 (Mapa Victoriano de Londres marcado con siete puntos rojos donde fueron encontrado las víctimas)

La lista de sospechosos era y es tan amplia como la de las teorías de la conspiración. Alrededor de más de ciento setenta hombres, de las más variadas profesiones y ocupaciones, han sido sospechosos de los macabros crímenes: sastres, peluqueros, soldados, marineros, burgueses, desarrapados y hasta notables escritores, como Lewis Carroll, y miembros de la realeza, como Alberto duque de Clarence, han sido acusados de ser Jack el Destripador, sin que ninguna de las hipótesis se hayan podido probar.
Esta incógnita es la que precisamente suscita hoy el morbo y la fascinación por la historia de un asesino que nunca fue capturado y del que no se sabe con certeza quién fue.

Pocos casos en la historia criminal han sido tan ampliamente debatidos y tan pobres en datos fehacientes, así como no está claro quién de los sospechosos es el verdadero asesino, tampoco lo está el número de sus víctimas.
Se ha barajado siempre la cifra de cinco mujeres por los documentos policiales, pero los documentos policiales, ahora sacados a la luz revelan que hubo al menos once asesinatos cometidos por la misma persona entre abril de 1888 y principios de 1891. Además se han señalado marcadas similitudes en las víctimas: eran prostitutas que trabajaban en la zona, fueron asesinadas de madrugada, degolladas de la misma forma y todas, aparentemente, confiaban en el asesino, pues solo hay leves indicios de forcejeo previo al crimen.


Las prostitutas asesinadas en rincones oscuros, sufrieron severas mutilaciones y sus gargantas fueron cortadas de izquierda a derecha, lo que sugiere, como ya se ha apuntado, que el criminal era diestro.

(Mary Ann Nichol)

Según el informe policial de la muerte de Mary Ann Nichol, elaborado por el superintendente J.Keating:
El testigo encontró el cuerpo de una mujer acostada sobre su espalda con sus ropas un poco por encima de sus rodillas. Luego otro transeúnte también en camino a su trabajo, se detuvo a observar. Como estaba oscuro ninguno advirtió la sangre en el suelo. Ambos siguieron su camino con la intención de comunicar el incidente al primer policía que encontrara en su camino”.
“A mi llegada a la escena, descubrí inmediatamente que las vísceras habían sido extraídas del cuerpo. Su quijada había sido destrozada y le había abierto el abdomen”.

Los recortes de prensa se sumaron al drama del caso con sus descripciones que muchas veces bordearon el sensacionalismo, dando detalles totalmente morbosos:
“Le faltan cinco dientes y tiene una pequeña laceración en la lengua. Un moretón le corre por la parte baja de la mandíbula en el lado derecho de la cara. Este pudo haber sido causado por un puñetazo o por la presión de un pulgar”, publicaba el londinense Times refiriéndose a la primera víctima de Jack el Destripador, May Ann Nichols, llamada Polly.


Nichols, junto a Eddowes y las otras víctimas, formaban parte de las 1.600 prostitutas que operaban en el East End de Londres, habitada por unas 900.000 personas, de las que 80.000 residían en Whitechapel. Los pobres constituían el 8 por ciento de la población del este londinense: chapuceros, recaderos en el mercado o aprendices de diversos oficios.

 (Westworth-Street-Whitechapel)
 
La segunda víctima es Annie Chapman, Alias Siffrey, prostituta de cuarenta y siete años.
El cadáver se encuentra el sábado 8 de septiembre: la cabeza casi separa del cuerpo por un golpe proporcionado de izquierda a derecha, se mantiene en su sitio gracias a un pañuelo atado alrededor del cuello: el abdomen está completamente abierto y los intestinos han sido depositado en uno de sus costados; el útero, parte de la vagina y dos tercios de la vejiga han sido extraídos.

 (Annie Chapman)

Tras el segundo asesinato cometido, el de Annie Chapman, se provoca una gran agitación en todo el East End, tanto es así que el día 9, por la mañana, la policía decide dar alguna señal tranquilizadora. En primer lugar difunde un genérico, y probablemente inventado, retrato robot de un sospechoso, después procede a una docena de detenciones y, finalmente, por la tarde, anuncia con un pasquín el arresto del culpable: es el zapatero Jhon Pizer, llamado “Mandil de cuero”. Este inocente sobrenombre, que le habían dado en el barrio desde hacía ya algún tiempo, mucho antes de que se iniciara la trágica serie de delitos, asume ahora un tono siniestro y constituye el principal indicio en su contra.

Mandil de cuero de se había convertido, de hecho, después del 8 de septiembre en objeto de una verdadera psicosis colectiva: contribuyeron a crearla el descubrimiento del primer cadáver a dos pasos del matadero; la referencia, durante las averiguaciones, a un cuchillo de zapatero o matarife como posible arma del delito (zapateros y matarifes acostumbraban a protegerse, durante su trabajo, con mandiles de cuero): el descubrimiento cerca del cuerpo de Annie Chapman, de un mandil de este género, y, finalmente, la suposición general de que el asesino se hubiera visto obligado a ponerse tal vestimenta protectora para no manchar la ropa de sangre. Así, en poco tiempo, un siniestro personaje, apodado “Mandil de cuero”, tomó cuerpo en la imaginación de la gente, y muchos individuos fueron mirados con sospechas por el mero hecho de poseer un mandil de ese tipo.

 (Viñetas sobre los sucesos editadas por el periódico de la policía)

Fue arrestado un hebreo polaco de treinta y tres años que fue descrito por la prensa con todos los rasgos distintivos del “monstruo”: ojos brillantes, paso afelpado “como el de un felino”, labios finos “cuya crueldad está acentuada por unos bigotes que caen”, rizos de pelo sobre lacara y acento gutural.
La única pega es que Pizer tenía una coartada de hierro. La policía se vio obligada, por tanto, a dar marcha atrás, pero mientras, por la calle, la muchedumbre ha comenzado a molestar a los hebreos, tanto es así que Pizer deberá ser retenido otro día en prisión para evitarle un posible linchamiento.

La tercera y cuarta víctima de Jack son descubiertas, una tras otra, en la noche del 30 de septiembre, entre la una y las tres menos cuartos. La primera, Elizabeth Stride, ha sido degollada, pero no presenta otras heridas. La otra, Catherine Eddowes, ha sido sometida, por el contrario, a un verdadero martirio.

(Elizabeth Stride)

(Catherine Eddowes)

Durante la redada, rápidamente iniciada, la policía descubre algunas huellas del asesino en fuga. Saliendo de Mitre Square, después de haber matado a Catherine Eddowes, El Destripador ha enfilado primero Goulston Street, donde ha dejado algunas señales de su paso por allí, para desembocar después en Dorset Street: aquí se ha lavado las manos ensangrentadas en una fuentecilla.
Los indicios de Goulston Street se encuentran en un estrecho callejón entre dos establos. Allí, El Destripador ha abandonado un trozo de mandil ensangrentado de su última víctima, y ha escrito con tiza sobre la pared la siguiente frase: “Los judíos ya no serán acusados sin razón”, destinada a constituir desde ese comienzo uno de los puntos más misteriosos del enigma entero.

Dos son los elementos significativos de esta misteriosa pintada; el primero es que la palabra judíos (jews en inglés) está escrita mal (juwes): el segundo es que la frase puede ser interpretada tanto como una defensa como una acusación.

 (Charles Warren)

El alto comisario de Scotland Yard, sir Charles Warren dispuso en primer lugar el rastreo de Withechapel con un balance de más de mil detenciones efectuadas, en gran parte, arbitrariamente, sin encontrar un solo caso algo que justificase la acción de la policía.

El tan aberrante nombre que lo lanzó a la fama fue obtenido en una de las cartas que supuestamente el asesino había escrito a la Agencia Estatal de Noticias de Londres, el 25 de septiembre de 1888, diecisiete días después de su segundo asesinato, y firmada por “Jack El Destripador”. 

El asesino escribió en esa carta lo siguiente:

“Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha capturado, pero en realidad todavía no me han encontrado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a gritar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito...
Firmado: Jack el destripador."


Otro de los textos que se ha mantenido durante mucho tiempo inédito es la carta titulada “desde el infierno”, enviada a la policía por el presunto asesino, aunque su verdadera veracidad ha sido puesta en duda y se supone que fue el invento de un par de periodistas sensacionalistas en busca de las noticias. 


Existen al menos 150 cartas de diferentes personas y países que se confiesan ser Jack el Destripador.
La emblemática carta, presenta un tono irónico y un humor negro de lo más macabro, especialmente si se considera el regalo que acompañó a la misiva:
 
“Desde el infierno le envío la mitad de un riñón que tomé de una prostituta y que conservé para ustedes después de freír el otro. Estaba muy bueno, de verdad”.

En otra parte escribe: 

Querido Jefe: te escribo esto desde mi cama, pues tengo la garganta irritada pero en cuanto me mejore empezaré a trabajar el 13 de este mes. Te sorprenderá saber que la otra noche el pequeño Jacky estaba en la zona cuando le buscabais. ¡Qué divertido saber que la policía me espera!
Creo que mi próxima misión será aniquilarte. Te arrancaré el hígado antes de que mueras y te lo mostraré. Firma, Jack el Destripador.” 


La carta estaba escrita por el presunto asesino con leras rojas, e iba acompañada de un boceto de la cara de un hombre que asegura ser el criminal. “Ese soy yo”. Pero el dibujo no proporcionó la identidad del asesino, sino que se convirtió en otro de los misterios del caso.

El cuarto y último delito atribuido a Jack El Destripador es descubierto en la mañana del 9 de noviembre. La víctima es Mary Kelly. A la víctima, destripada como las otras, le han sido cortado los pezones y extraído los órganos vitales que han sido distribuidos por toda la habitación.

 (Mary Kelly)

Después de este asesinato, un alto funcionario de Scotland Yard hizo corres la voz de que Jack el Destripador había muerto, sin proporcionar, no obstante, más detalles ni la identidad del asesino.
Sin embargo posteriormente se produjeron otros asesinatos similares, que no tuvieron ninguna repercusión ni fueron relacionados en modo alguno con Jack, a pesar de para la mayoría de las mentes, El Destripador seguía vivo.

Con el correr de los años la leyenda del Destripador no solo no se ha difuminado, sino que ha aumentado.
Jack el Destripador fue el primer caso criminal que no sólo atrajo la atención local, sino que la noticia tuvo repercusiones en todo el mundo. Hay incluso quienes afirman que autor de los asesinatos pudo haber emigrado a Estados Unidos o hasta Australia.

 
Una de las más recientes teorías asegura que Jack el Destripador pudo haber sido un marino mercante, a quien se le sigue la pista incluso hasta Nicaragua. En este país, y durante un periodo de diez días, en enero de 1889, el público fue informado de la muerte de seis prostitutas a manos de un presunto asesino en serie.

La imagen de Jack el Destripador ha dejado una huella indeleble en la historia.

Las víctimas de Jack el Destripador

Realmente no se sabe a ciencia cierta el número de víctimas asesinadas por Jack el Destripador. En el periodo comprendido desde el 3 de abril de 1888 y el 13 de febrero de 1891 se produjeron once homicidios de los cuales solamente cinco fueron atribuidos al Destripador debido al modus operandi, idéntico en las cinco víctimas: Corte en la garganta, lesiones faciales progresivas, mutilación abdominal y extracción de órganos internos. Todas estas similitudes se dieron en los asesinatos de Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes, y Mary Jane Kelly, no así en los de las dos primeras víctimas de la ola de asesinatos: Emma Elizabeth Smith y Martha Tabram.

Mary Ann Nichols, asesinada el viernes 31 de agosto de 1.888.
Annie Chapman, asesinada el 8 de septiembre de 1.888.
Elizabeth Stride, asesinada el 30 de septiembre de 1.888.
Catherine Eddowes, asesinada el 30 de septiembre de 1.888.
Mary Jane Kelly, asesinada el 9 de noviembre de 1.888

Después de Mary Kelly se relacionan cuatro casos más:

Rose Mylett, alias Lizzie Davis, asesinada el 26 de diciembre de 1888.
Alice Mcjenzie, llamada Annie Pipa de Arcilla, asesinada el 17 de Julio de 1889.
Mujer no identificada, encontrada hecha pedazos en el Támesis el 10 de septiembre de 1889.
Francés Cole, llamada Nell Pelo de Zanahoria, asesinada el 17 de julio de 1889.

Fuente de Datos:
*”Tras la pista de Jack el Destripador” – Javier Espinosa
*”Los Grandes Enigmas de la Historia” – Editorial Planeta

2 comentarios:

Mari-Pi-R dijo...

Hoy es mi día de la serie CSI New York, te estaba leyendo y me iba diciendo me broma que los detectives Mac Taylor y Stella Bonasera hubiesen resulto todo el misterio.
Besos y gracias por traernosla

Oleal dijo...

Estoy segurísima de que sí Mari-Pi, y en un santiamén además.

Un abrazo