La Investigación
La prensa francesa e inglesa, airean
ampliamente el “affaire” Dominici. Los periódicos exponen las hipótesis más
inverosímiles, ya que parece quedar excluido el móvil más común: el del robo.
En efecto los gendarmes han encontrado en las ropas e sir Jack un billete de
5.000 francos; además, los amigos de los Drummond, los Marrian, tras examinar
los objetos hallados en el Hillmann, afirman que nada ha sido robado. Por medio
de un testimonio, la policía puede reconstruir las fases de las trágicas
vacaciones de los Drummond. Sir Jack había aceptado la invitación de su antiguo
compañero de universidad, elp profesor Gruy Marrian, y se habían reunido con él
en la casa alquilada para veranear en Villefranche-sur-Mer. Desde aquí, los
Drummond, para cumplir los deseos de Elizabeth, habían hecho una escapada a
Digne, donde se celebraba una corrida. Tras el espectáculo la familia había
emprendido el camino a Villefranche. Por el camino y calculando que no les daba
tiempo a llegar a casa de sus amigos antes de que se hiciera de noche, tomaron
la decisión de pasar la noche en las tierras de los Dominici. Excluida la
hipótesis del robo, se formulan las teorías más increíbles: la labor de la
policía queda dificultada aún más por testigos indignos de crédito, mitómanos e
incluso magos y adivinos. Vuelven a salir a relucir historias y leyendas: se
recuerdan otras desgracias ocurridas en la zona y se descubre que están unidas
por una extraña analogía: las víctimas siempre son tres. Los delitos en
cuestión se produjeron en 1841 en la granja “Granges”, y en 1871, también en la
misma casa, que se había convertido mientras tanto en granja de Eve, aproximadamente
medio kilómetro de la casa de los Domicini.
Indicacion de los lugares donde se encontraron los cuerpos
Pero el inspector Sebeille no se deja
confundir por falsas pistas: su olfato le sugiere que la solución del caso se
encuentra entre las pareces de la “Grande Terre”. Su obstinación da lugar a la
hostilidad de algunos periódicos que le acusan de perseguir a los Dominici por
ser comunistas simpatizantes. También la prensa inglesa lanza envenenados
sarcasmos contra la actividad de la policía francesa, invitándola a que realice
las investigaciones sin confiar en péndulos y bolas de cristal.
Pero será precisamente un “mago”
quien entregue a los investigadores un proyectil recogido en el parapeto del
puente ferroviario: este proyectil permite establecer que el asesino disparó
fallando el tiro, contra Elizabeth, mientras la niña trataba de salvarse
huyendo. Posteriormente la pobre criatura fue alcanzada y asesinada con la
culata del arma descargada.
Una inspección en la "Grande Terre"
La policía recibe a diario cartas
anónimas con las más variadas suposiciones. El “affaire” apasiona a la opinión
pública y surgen numerosos investigadores aficionados. “Le Figaro”, sugiere
buscar al homicida en las filas de un movimiento de liberación clandestino.
Otros afinan más el tiro formulando la hipótesis de que los Drummond hayan
podido tropezar con una banda de malhechores a la caza de suministros de dinero
y armas, lanzados con paracaídas por los aliados, durante la segunda guerra mundial,
y destinados a los partisanos y que éstos habría sepultado aquí y allá por toda
la zona. Incluso hay quienes afirman que sir Jack era un agente secreto; en
cambio otros creían que la espía era su mujer.
Lady Ann Drummond
El inspector Sebeille no descuida
ninguna pista, pero a pesar de ello sigue investigando los datos que indican a
la familia Dominici. Para reafirmarle en sus suposiciones, se obtienen por fin
algunos testimonios importantes. Un habitante de Lurs, Abel Bastide, afirma que
en 1944 vio a Gaston Dominici regatear por el precio de una carabina con un
soldado americano de paso. El viejo lo niega. Posteriormente, del
interrogatorio de Marie Olivier, el motorista detenido por Gustave tras el
descubrimiento del delito, surge un detalle muy importante: Olivier afirma que
vio salir a Gustave de detrás del Hillmann, que no lo encontró en el borde del
sendero, tal y como había afirmado el campesino; por consiguiente, tenía que
haber visto también, por fuerza, el cadáver de la señora Drummond y no solo el
de Elizabeth ¿Por qué no lo dijo?
Por último, un amigo de los Dominici,
Paul Maillet, revela a la policía que Gustave le ha contado que la niña estaba
viva cuando la encontró en el terraplén. Enfrentados a este testimonio, Gustave
confiesa y es condenado a dos meses de reclusión por no prestar ayuda.
Los féretros de la familia Drummond
Un cambio en las investigaciones
Sebeille entra el nuevo año más
preparado. Nuevos testimonios le inducen a esperar una rápida conclusión de la
investigación: interrogando a los hombres que retiraron el cadáver de Elizabeth,
descubre que fue uno de ellos y no Gaston quien encontró el trozo de madera
junto a la cabeza de la víctima.
El periodista Jacques Chapus le
relata una conversación mantenida con el anciano patriarca: “Indicando la
morera me dijo: “Allí es donde gritó la pequeña”, Luego, corrigiéndose: “Al
menos ahí debería haber sido.
Sebeille trata de presionar al
personaje que domina “Grande Terre”: Gaston Dominici. Gustave está totalmente
sometido; la “sardina” acepta a diario sus bruscos modales sin alterarse; la nuera,
Ivette, está también sometida a su incuestionable autoridad; todos los hijos
obedecen sin discusión, excepto uno que un día se atrevió a revelarse: Clovis.
Hospitalario, el viejo ofrece de
buena gana el vino que consume con exceso, conversando con sus invitados con
ruda y aguda ironía. Colérico, repentinamente cambia la sonrisa amigable por
gestos de gran violencia. El sexo y el orgullo por la tierra que posee son
motivos habituales en su conversación.
Al investigar a Roger Perrin, nieto
de Gaston, de diecisiete años, el inspector añade una pieza más a su mosaico de
indicios: se entera que lady Ann y Elizabeth habían visitado la granja, al poco
tiempo de su llegada, con objeto de pedir agua. En cambio, los Dominici han
negado en todo momento que hubieran hablado con los Drummond, ¿Por qué?
Detención de Gastón Dominice
Fundamental importancia reviste la
declaración de Jean Richard, un testigo que se detuvo en el lugar del delito
antes de la llegada de los gendarmes: afirma que el cuerpo de lady Ann no se
encontraba en el suelo perpendicular al vehículo, como luego fue encontrado por
los agentes, sino en posición paralela respecto al de Hillmann, además estaba
tendido sobre el dorso y no sobre el vientre, como puede verse en las
fotografías obtenidas por la policía. Sebeille convoca inmediatamente a Clovis
y al ferroviario, que fue con él al lugar del delito antes de la llegada de
gendarmes. Ambos confirman la declaración de Richard. Por consiguiente, el
cadáver ha sido movido. ¿Por quién?
Gustave tiene que declarar
nuevamente. Una vez más admite haber oído gritos durante la noche, haberse
encontrado junto a Hilmman cuando vio a Olivier, y, finalmente, recuerda la
visita que lady Ann y su hija hicieron a la granja. Y no sólo esto. Confiesa
también que ha sido él quien movió el cadáver.”¿Por qué?”, le pregunta el
comisario. “Para buscar los cartuchos: quería saber si procedían de nuestra
casa”.
Ya el joven no aguanta más y lo
cuenta todo, casi con alivio.”Ha sido mi padre quien ha cometido el delito. Me
lo dijo a las cuatro, cuando volvió. Los mató con la carabina que tenía en el
cobertizo”.
“¿Por qué lo hizo”
Me contó que hacia la una salió a
cazar. Había tenido un altercado con los ingleses y les había disparado,
matando a toda la familia. Luego se había deshecho del arma. Yo estaba aterrorizado
pero con el viejo no se discute. Me ordenó que no dijera nada a nadie, pero yo
se lo conté a Clovis, al que luego también se lo contó padre”.
Clovis no desmiente a su hermano. El
comisario, dice, le había enseñado el arma del delito y él se fue a la casa
paterna presa de gran agitación: quería verificar si la carabina de su padre
seguía estando en su lugar. Una vez verificada su desaparición, preguntó a
Gustave, que le confió la terrible historia. En un primer momento se negó a
aceptarla, pero luego se lo confirmó el propio Gaston.
La Confesión de Gaston Dominici
“Si Gustave me acusa es porque le
habéis pegado”. Ésta es la primera reacción de Gaston Dominici ante la presión
del inspector Sebeille. El círculo se va cerrando a su alrededor, pero el viejo
sigue negando.
Es la tarde del 13 de noviembre de
1053. Hacia las 22 horas se le da a Gaston una escudilla de sopa. ¿Se suspende
el interrogatorio durante las horas de la noche? La policía dice que sí, pero
el viejo Dominici lo niega obstinadamente; de todas formas, los periodistas
instalados en la calle lateral del palacio de Justicia le Digne, observan que
las luces de la biblioteca, donde tiene lugar el interrogatorio, permanecen
encendidas toda la noche.
Cordón policial durante la celebración del Juicio
A primeras horas de la tarde del día siguiente,
Gustave y Clovis son enfrentados en un careo con el padre, y confirman sus
acusaciones. A las 18 horas, Gaston Domicini es confiado a un joven policía,
Víctor Guérino, que, fiel a la orden de no dirigirle preguntas directas sobre
los hechos, le entretiene conversando en una lengua en la que el campesino se
siente a gusto: el provenzal. Hablan de caza y agricultura. De pronto, el viejo
rompe a llorar y murmura turbado: 2Ha sido un accidente… ellos me atacaron y
los maté a los tres… me tomaron por un ladrón”.
Se trata de la tan esperada
confesión. Pasado el primer momento de sorpresa, Víctor Guérino corre a llamar
al comisario Prudhomme, pero ante él Gaston calla.
“Hable – le alienta Prudhomme - ¿se
avergüenza quizá porque el sexo tiene que ver algo en esto?”
“Exactamente – admite Domicini como
aliviado por esta idea – es un pecado de amor”.
Luego le relata que, al detenerse
junto a una morera, había visto desnudarse a la mujer y se había acercado a
tocarla. En aquel momento apareció el marido y le amenazó. Entonces perdió la
cabeza y empezó a disparar. Posteriormente se retractará de todo. En efecto,
ante el juez Peirés dirá que el culpable es Gustave y que él se ha acusado para
salvarle. El magistrado le deja solo en la habitación para que reflexione.
Cuando regresa, Gaston vuelve a confesarse autor del delito, reafirmando el
móvil sexual.
El Juicio

Gastón Dominice durante el Juicio
A pesar de que durante la celebración
del juicio vuelve a proclamarse inocente y grita “he sido para ocupar el lugar
de algún otro”, el tribunal le condena a muerte, pero la sentencia queda en
suspenso porque los abogados de la defensa anuncian nuevas revelaciones,
haciendo que el ministerio del Interior vuelva a abrir la investigación. Los
presuntos nuevos hechos anunciados por el acusado se reducen en realidad s muy
poca cosa: Gastón afirma que ha oído una conversación entre Gustave e Yvette,
de la que se deducía que una tercera persona, probablemente Roger Perrin había
transportado el cadáver de la pequeña Elizabeth hasta el lugar en que fue
encontrado. Pero Gustave niega haber mantenido tal conversación con su esposa y
Gaston no puede probar sus afirmaciones. Sin embargo, a la conclusión de la nueva
investigación, los abogados defensores del viejo Dominici logran del presidente
de la República que conmute la pena capital por la de la reclusión perpetua.
En 1960, Gaston es puesto en
libertad. Tiene ochenta y tres años y ha pasado seis en la cárcel. Hijos y
nietos se reúnen para celebrarlo. Faltan Germaine con su marido y su hijo
Roger, y Clovis, que ha muerto el año antes de cáncer.
Gaston Dominici sale de la cárcel
Aparentemente nada ha cambiado en
“Grande Terre”, pero al día siguiente el anciano abandona la granja y se
instala en el asilo de Digne; allí se reúne con su mujer, siendo alojada en la
sección femenina, “Grande Terre” no tiene ya sentido ni para Gastón.
Gustave la vende y se va a trabajar
de albañil a Peyruis. Las posesiones del patriarca se deshacen.
Perduran dos interrogantes: ¿Qué pasó
realmente aquella trágica noche? ¿Y por qué?
Fuente de Datos:
*”Los fantasmas de la “Grande Terre”
– Los Grandes Enigmas de la Historia – Editorial Planeta
La Grande Terre
La familia Drummond – padre, madre, y
una hijita de diez años – es asesinada en plena campiña provenzal, en la noche
entre el 4 y el 5 de agosto de 1952. Gastón Dominici, patriarca de una granja
llamada “Grande Terre”, es acusado por sus propios hijos.
¿Pero es realmente él el culpable?
¿Cuál es el móvil del crimen?
Las turbias fantasías eróticas de un
viejo, una oculta rivalidad entre padres e hijos, una sórdida venganza familiar
centrada en la propiedad de un pedazo de tierra, un mal entendido sentido del
honor y, además, agentes secretos, ex partisanos, magos, adivinos: las
hipótesis más variadas y los personajes más imprevisibles son el telón de fondo
de una terrible tragedia ocurrida en una cálida noche de agosto de 1952 en la
campiña provenzal. Una familia de vacaciones es asesinada sin ningún motivo
aparente.
Es una investigación difícil,
delicada: testigos que no son dignos de crédito, mitómanos, periodistas
buscando su gloria, todos ellos aparecen empeñados en confundir las huellas.
Avanzando fatigosamente en un mar de
mentiras, el comisario rastrea su presa como un sabueso. Frágiles pistas,
contradicciones, una duda al responder, una actitud que no resulta convincente:
son diminutas piezas del complicado rompecabezas que el policía va
reconstruyendo poco a poco.
Sobre todo ello domina la
personalidad marcada y arrogante de un anciano patriarca, temido y respetado; a
su alrededor, una barrera de silencio que parece imposible romper. Y, sin
embargo, la cadena de conveniencias parece aflojarse hasta que hace posible una
acusación concreta.
Pero llegados a este punto, todo un
juego diabólico de acusaciones, confesiones y retractaciones hace aún más
problemática la búsqueda de la verdad.
Habrá un juicio, una condena, pero
nada podrá borrar la amarga sensación que pesa sobre todo el asunto.
Una vez más ,de la sala de un tribunal de Apelación surge un
veredicto que no logra aclarar todos los interrogantes.
Los Acontecimientos
5 de agosto de 1952. Seis de la
mañana. Por la carretera Marsella-Digne el obrero Jean-Marie Olivier regresa a
casa en moto tras el turno de noche. En las cercanías de un sendero que une la
carretera estatal con la vía férrea que pasa bajo ella le espera una persona
que le pide que se detenga, haciendo gestos con los brazos: “He encontrado un
cadáver y he oído varios disparos. Puede que haya otros muertos. Hay que avisar
a los gendarmes”.
El que pronuncia estas palabras es
Gustave Dominice, uno de los hijos del anciano Gaston, el pintoresco patriarca
de la “Grande Terre”, una granja situada en los alrededores. El motorista reemprende de inmediato su
camino hacia Oraison, donde comunica a los policías el dramático mensaje.
El reconocimiento del lugar revela
que los nuestros en “Grande Terre” son tres: se trata del matrimonio ingles
Drummond, alcanzado por los disparos de una carabina americana encontrada más
tarde en el río Durance, y de su hija de diez años de edad, asesinada con la
culata de la misma arma. Los Drummond habían venido a Francia a pasar las
vacaciones, y en la noche del 4 al 5 de agosto habían decidido acampar en las
tierras de los Dominici.
Gastón Dominici
Es acusado del terrible delito el
anciano Gaston, que confiesa varias veces su culpabilidad, pero que se
retractará de todo en el transcurso del juicio.
Aquellas declaraciones, afirmará, las
hizo porque estaba destruido por el agotador interrogatorio, que había durado
toda la noche: “No habrían debido hacerle algo así a un hombre de mi edad… Me
volvieron realmente loco”.
El 28 de noviembre de 1954, el
tribunal de digne le condena a la guillotina, sentencia que después será
conmutada por la cadena perpetua. Pero el móvil sigue siendo un misterio. “Mi
padre mató a los turistas en un ataque de locura senil”, había afirmado Gustave
en una fase del proceso instructorio. Pero también él se retractaría
posteriormente de tales declaraciones. Solo su hermano Clovis mantendrá su
implacable acusación contra el padre. “¡Víbora!”, le grita éste a la salida de
la sesión en que ha sido condenado: “¡Tú sólo quieres la herencia!”.
Una familia destruida, la de los
Drummond, otra profundamente herida en su interior: un ambiente de tragedia
griega. ¿Fue Gaston Dominici el brutal asesino? ¿Lo hizo solo? ¿O no participó ni siquiera en el tripe homicidio?
En base a nuevas revelaciones prometidas por el acusado, vuelve a abrirse la
investigación. Algunos incluso afirman que el crimen tiene relación con la
Resistencia y los servicios secretos. A fin de cuentas, el arma del delito es
un fusil americano.
Tras seis años de prisión, en julio
de 1960, Dominici, de ochenta y tres años, es dejado en libertad. Tiene a su
favor dos hechos: su buena conducta y su avanzada edad. Morirá cinco años más
tarde en el asilo de Digne, quizá llevándose a la tumba un terrible secreto.
Disparos en la noche
En la tarde del 4 de agosto de 1952,
un Hillmann familiar con matrícula inglesa se detiene en la llanura de Lurs,
una aldea medieval de Francia meridional, empinada sobre una roca. A bordo del
coche viaja la familia Drummond (padre, madre e hija), que ha decidido pasar
sus vacaciones en territorio francés.
Sir Jack Drummond, de sesenta y un
años de edad es un profesor de bioquímica de la universidad de Londres y que,
ahora, dirige la importante industria química Boots. Sus méritos y su sabiduría
científica son muy conocidos en su patria. Durante la segunda guerra mundial ha
sido el principal experto en el campo de la alimentación. Por los servicios
prestados a su país, como el establecimiento de la dieta básica para los
militares y la realización de un concentrado proteínico inyectable por vía
endovenosa, ha recibido el homenaje de la Corona, que le nombró baronet. Su
esposa Ann, es especialista en dietética, le ayuda en su trabajo. Viaja con
ellos su hija Elizabeth de diez años.
Ese 4 de agosto, tras presenciar una
corrida en Dignes, los Drummond transitan por la carretera estatal Napoleón, en
dirección a Villefranche, donde se reunirán con sus amigos Marrian.
Considerando imposible llegar antes
de la noche, deciden detenerse y reemprender el viaje al día siguiente.
Detienen el coche en las proximidades de un sendero que atraviesa “Grande
Terre”, donde se levanta la casa colonial de los Dominici. A pesar de su
pretencioso nombre, se trata de una modesta finca de apenas dos hectáreas, con
olivos y hierbas medicinales y que se extiende justamente entre la carretera
estatal Marsella-Digne (rue Napoleón) y la vía férrea que corre paralela al río
Durance. Tras ingerir una frugal comida, los Drummond montan las camas de
campaña y se acuestan.
La Familia Drummond
A las 6:30 de la mañana siguiente,
los gendarmes de Forcalquier reciben un mensaje de sus colegas de Oraison: en
la “Grande Terre” se han oído disparos hacia la una de la mañana y, al
amanecer, se ha descubierto un cadáver. El que ha dado la alarma ha sido
Gustave Domicini, uno de los hijos del anciano Gaston, el patriarca de la
finca.
En realidad son tres los muertos. El
sargento Louis Romanet, que se trasladó al lugar con su ayudante para llevar a
cabo el primer reconocimiento, descubre junto a Hillmann el cadáver de Ann
Drummond; el del marido se encuentra al otro lado de la carretera, mientras el
cuerpo de la pequeña Elizabeth yace aún más allá, en dirección al río. Las
investigaciones sobre el triple delito le son confiadas al inspector Edmond
Sebeille, de la novena brigada de la policía móvil de Marsella.
Cuando el detective llega al lugar
del delito, la identidad de las víctimas ya ha sido comprobada por medio de los
documentos encontrados en el vehículo. Según la autopsia:
“Sir
Jack Drummond ha sido alcanzado por dos proyectiles mortales, que penetraron
por la espalda. Estaba de pie cuando fue herido por el primer disparo. El
segundo lo alcanzó cuando estaba ligeramente inclinado hace delante. Su vejiga
está vacía. Su esposa recibió la muerte por tres proyectiles, que penetraron
por el pecho y el hombro izquierdo. Debía estar tendida o con el busto
ligeramente levantado cuando recibió los disparos. Su agresor debía encontrarse
primero al lado izquierdo y luego delante. No ha sido violada. En cuanto a la niña, presenta dos profundas
heridas a ambos lados de la sutura media frontal. Los golpes han sido
propinados con enorme violencia por un agresor de gran fuerza. Puede
considerarse que la víctima estuviera tendida en el suelo cuando fue golpeada.
No ha sido violada”.
Los médicos forenses formulan también
la hipótesis de que los Drummond hayan sido asesinados en rápida sucesión, pero
que la niña haya muerto tras algunas horas de coma.
En el terreno se encuentran dos
proyectiles sin explotar y dos cápsulas vacías. El descubrimiento induce a
Sebeille a pensar que el asesino conoce bien el arma del delito. Esta se
encuentra en el lecho del río Durance se trata de una carabina Rock-Ola, de las
del ejército americano. En un primer examen se observa que el arma ha sido
reparada con un trozo de alambre de hierro y con una anilla procedente de una
bicicleta.
Una astilla de madera encontrada
junto a la cabeza de Elizabeth casa perfectamente con un fragmento que falta en
la culata del arma: por consiguiente, el
asesino, tras haber disparado contra el matrimonio Drummond, se encarnizó con
la niña golpeándola con la culata de la carabina.
El Arma
La Familia Dominici
Desde los primeros momentos de la
investigación, la atención del comisario se centra en la familia Dominici.
En la casa colonial de “Grande Terre”
vive el anciano Gaston con su esposa, Marie Germaine, a la que el marido llama
“vieja sardina”; el hijo, Gustave, con su esposa, Yvette, y su hijo Alain.
Gaston Dominici se había trasladado
con su familia a “Grande Terre” veinte años antes, adquiriendo la posesión por
10.000 francos. Satisfacía así el sueño de toda una vida de sacrificios y duro
trabajo: cultivar una tierra que fuera suya. La “sardina” le dio nueve hijos,
algunos de ellos llegaron al mundo con ayuda del padre como improvisada
comadrona. Ahora es una mujercita flaca, de débil voz, demasiado dócil ante el
marido que a veces han visto amenazarla con un garrote e incluso con el horcón
nunca ha traspasado los límites de sus tierras y viste siempre de negro.
El viejo, nacido en Digne en 1877,
goza del aprecio de sus vecinos, aunque le consideran de carácter violento,
especialmente con la gente que no le gusta, y que empina el codo con
frecuencia.
La Familia Dominici
Al avanzar los años, Gustave ha ido
sustituyendo al padre en las faenas del campo, y ahora el viejo patriarca se
dedica a llevar a pastar a los animales.
Los otros hijos se han casado y viven
en los pueblos cercanos.
La policía lleva a cabo los primeros
interrogatorios. Gustave declara haber visto a los Drummond alrededor de las
ocho de la tarde anterior, cuando fue a examinar un pequeño derrumbamiento de
la vía férrea, motivado quizá por un excesivo riego de la finca. Luego había
regresado a casa, acostándose enseguida.
En el transcurso de la noche se había
despertado dos veces. Hacia las 23, por el ruido de una moto que se había
detenido junto a la casa colonial: una voz le había gritado algo a su padre,
que había respondido a través de la puerta. Alrededor de la una se había vuelto
a despertar al oír varios disparos de armas de fuego. También Ivette y el niño
se habían despertado, aterrorizados por los disparos, El miedo hizo que Gustave
se quedara en la cama. Hasta las 5:30 de la mañana siguiente no salió para
verificar el derrumbamiento sobre la vía férrea. Cuando ascendía por el
terraplén que llevaba a los raíles, tropezó con el cuerpo destrozado de la
pequeña extranjera. Entonces volvió corriendo sobre sus pasos, hacia la
carretera, y detuvo a un motorista pidiéndole que avisara a los agentes.
Por su parte, el viejo Gaston declara
que al regresar de su pastoreo matutino, se había trasladado al lugar del
delito, del que había sido informado por Gustave, y había asistido a una fase
de la inspección llevada a cabo por los agentes antes de la llegada del inspector
Sebeille, tratando de ayudar: se sentía orgulloso se haber sido el primero en
observar la astilla de madera bajo los cabellos de la niña asesinada, Pero no
dice, que posteriormente hubo un largo conciliábulo en la granja, donde toda la
familia Dominici se había reunido y en la que probablemente, se definió la
actitud que debían de tomar ante los agentes.
Ante el mundo externo, el clan se
reunía y formaba un bloque compacto. Pero en aquella sólida muralla se
produciría luego una brecha, primero por el derrumbamiento de Gustave, luego
por la denuncia de Clovis, uno de los hijos del clan que trabaja como
ferroviario y vive en Peyruis.
Gustave Dominice con su esposa y su hijo
En realidad, los Dominici, empezando
por Gustave, callaron muchas cosas. En efecto, aquella mañana del 5 de agosto,
al dirigirse al trabajo, Clovis se había encontrado con su hermano, que le
había confiado algo muy grave: cuando encontró a Elizabeth, la niña estaba aún
viva; también le dijo que había oído gritos durante la noche. Clovis le confesó
que era mejor no decir nada a la policía para evitar problemas.
El 6 de agosto Sebeille regresa a
“Grande Terre” tras haber subido hasta Lurs para enseñar el arma del delito al
alcalde, los concejales, así como a varios habitantes del pueblo y la campiña
circundante. Nadie la ha reconocido. También los Domicini afirman que no la
habían visto nunca antes de que fuera encontrada en el río.
Nuevamente interrogado por Sebeille,
Gaston afirma que ha visto a los Drummond la tarde de su llegada, mientras
volvía a casa con el rebaño, pero que no ha cruzado con ellos palabra alguna.
Confirma la versión de Gustave relativa a la visita de un motorista que gritó
algo incomprensible. Eran las 23 pasadas. Desde la ventana le contestó “¡Vete a
la cama!”, y volvió a acostarse mientras la moto se alejaba. A la una se había
despertado con el ruido de unos disparos, pero no se asomó ni siquiera a la
ventana. (Continuará)
Fuente de Datos:
*”Los fantasmas de la “Grande Terre”
– Los Grandes Enigmas de la Historia – Editorial Planeta













