Difícil adivinar lo que pasa por la mente de un asesino. Tendríamos que adentrarnos en su interior para poder comprenderlo...si que es que ésto es posible.

Los Asesinatos De "La Grande Terre" (II)

Posted by Unknown On viernes, 9 de diciembre de 2011 1 comentarios


La Investigación
La prensa francesa e inglesa, airean ampliamente el “affaire” Dominici. Los periódicos exponen las hipótesis más inverosímiles, ya que parece quedar excluido el móvil más común: el del robo. En efecto los gendarmes han encontrado en las ropas e sir Jack un billete de 5.000 francos; además, los amigos de los Drummond, los Marrian, tras examinar los objetos hallados en el Hillmann, afirman que nada ha sido robado. Por medio de un testimonio, la policía puede reconstruir las fases de las trágicas vacaciones de los Drummond. Sir Jack había aceptado la invitación de su antiguo compañero de universidad, elp profesor Gruy Marrian, y se habían reunido con él en la casa alquilada para veranear en Villefranche-sur-Mer. Desde aquí, los Drummond, para cumplir los deseos de Elizabeth, habían hecho una escapada a Digne, donde se celebraba una corrida. Tras el espectáculo la familia había emprendido el camino a Villefranche. Por el camino y calculando que no les daba tiempo a llegar a casa de sus amigos antes de que se hiciera de noche, tomaron la decisión de pasar la noche en las tierras de los Dominici. Excluida la hipótesis del robo, se formulan las teorías más increíbles: la labor de la policía queda dificultada aún más por testigos indignos de crédito, mitómanos e incluso magos y adivinos. Vuelven a salir a relucir historias y leyendas: se recuerdan otras desgracias ocurridas en la zona y se descubre que están unidas por una extraña analogía: las víctimas siempre son tres. Los delitos en cuestión se produjeron en 1841 en la granja “Granges”, y en 1871, también en la misma casa, que se había convertido mientras tanto en granja de Eve, aproximadamente medio kilómetro de la casa de los Domicini.

Indicacion de los lugares donde se encontraron los cuerpos

Pero el inspector Sebeille no se deja confundir por falsas pistas: su olfato le sugiere que la solución del caso se encuentra entre las pareces de la “Grande Terre”. Su obstinación da lugar a la hostilidad de algunos periódicos que le acusan de perseguir a los Dominici por ser comunistas simpatizantes. También la prensa inglesa lanza envenenados sarcasmos contra la actividad de la policía francesa, invitándola a que realice las investigaciones sin confiar en péndulos y bolas de cristal.
Pero será precisamente un “mago” quien entregue a los investigadores un proyectil recogido en el parapeto del puente ferroviario: este proyectil permite establecer que el asesino disparó fallando el tiro, contra Elizabeth, mientras la niña trataba de salvarse huyendo. Posteriormente la pobre criatura fue alcanzada y asesinada con la culata del arma descargada.

Una inspección en la "Grande Terre"

La policía recibe a diario cartas anónimas con las más variadas suposiciones. El “affaire” apasiona a la opinión pública y surgen numerosos investigadores aficionados. “Le Figaro”, sugiere buscar al homicida en las filas de un movimiento de liberación clandestino. Otros afinan más el tiro formulando la hipótesis de que los Drummond hayan podido tropezar con una banda de malhechores a la caza de suministros de dinero y armas, lanzados con paracaídas por los aliados, durante la segunda guerra mundial, y destinados a los partisanos y que éstos habría sepultado aquí y allá por toda la zona. Incluso hay quienes afirman que sir Jack era un agente secreto; en cambio otros creían que la espía era su mujer.

Lady Ann Drummond

El inspector Sebeille no descuida ninguna pista, pero a pesar de ello sigue investigando los datos que indican a la familia Dominici. Para reafirmarle en sus suposiciones, se obtienen por fin algunos testimonios importantes. Un habitante de Lurs, Abel Bastide, afirma que en 1944 vio a Gaston Dominici regatear por el precio de una carabina con un soldado americano de paso. El viejo lo niega. Posteriormente, del interrogatorio de Marie Olivier, el motorista detenido por Gustave tras el descubrimiento del delito, surge un detalle muy importante: Olivier afirma que vio salir a Gustave de detrás del Hillmann, que no lo encontró en el borde del sendero, tal y como había afirmado el campesino; por consiguiente, tenía que haber visto también, por fuerza, el cadáver de la señora Drummond y no solo el de Elizabeth ¿Por qué no lo dijo?
Por último, un amigo de los Dominici, Paul Maillet, revela a la policía que Gustave le ha contado que la niña estaba viva cuando la encontró en el terraplén. Enfrentados a este testimonio, Gustave confiesa y es condenado a dos meses de reclusión por no prestar ayuda.

Los féretros de la familia Drummond

Un cambio en las investigaciones
Sebeille entra el nuevo año más preparado. Nuevos testimonios le inducen a esperar una rápida conclusión de la investigación: interrogando a los hombres que retiraron el cadáver de Elizabeth, descubre que fue uno de ellos y no Gaston quien encontró el trozo de madera junto a la cabeza de la víctima.
El periodista Jacques Chapus le relata una conversación mantenida con el anciano patriarca: “Indicando la morera me dijo: “Allí es donde gritó la pequeña”, Luego, corrigiéndose: “Al menos ahí debería haber sido.
Sebeille trata de presionar al personaje que domina “Grande Terre”: Gaston Dominici. Gustave está totalmente sometido; la “sardina” acepta a diario sus bruscos modales sin alterarse; la nuera, Ivette, está también sometida a su incuestionable autoridad; todos los hijos obedecen sin discusión, excepto uno que un día se atrevió a revelarse: Clovis.
Hospitalario, el viejo ofrece de buena gana el vino que consume con exceso, conversando con sus invitados con ruda y aguda ironía. Colérico, repentinamente cambia la sonrisa amigable por gestos de gran violencia. El sexo y el orgullo por la tierra que posee son motivos habituales en su conversación.
Al investigar a Roger Perrin, nieto de Gaston, de diecisiete años, el inspector añade una pieza más a su mosaico de indicios: se entera que lady Ann y Elizabeth habían visitado la granja, al poco tiempo de su llegada, con objeto de pedir agua. En cambio, los Dominici han negado en todo momento que hubieran hablado con los Drummond, ¿Por qué?


Detención de Gastón Dominice

Fundamental importancia reviste la declaración de Jean Richard, un testigo que se detuvo en el lugar del delito antes de la llegada de los gendarmes: afirma que el cuerpo de lady Ann no se encontraba en el suelo perpendicular al vehículo, como luego fue encontrado por los agentes, sino en posición paralela respecto al de Hillmann, además estaba tendido sobre el dorso y no sobre el vientre, como puede verse en las fotografías obtenidas por la policía. Sebeille convoca inmediatamente a Clovis y al ferroviario, que fue con él al lugar del delito antes de la llegada de gendarmes. Ambos confirman la declaración de Richard. Por consiguiente, el cadáver ha sido movido. ¿Por quién?

Gustave tiene que declarar nuevamente. Una vez más admite haber oído gritos durante la noche, haberse encontrado junto a Hilmman cuando vio a Olivier, y, finalmente, recuerda la visita que lady Ann y su hija hicieron a la granja. Y no sólo esto. Confiesa también que ha sido él quien movió el cadáver.”¿Por qué?”, le pregunta el comisario. “Para buscar los cartuchos: quería saber si procedían de nuestra casa”.
Ya el joven no aguanta más y lo cuenta todo, casi con alivio.”Ha sido mi padre quien ha cometido el delito. Me lo dijo a las cuatro, cuando volvió. Los mató con la carabina que tenía en el cobertizo”.
“¿Por qué lo hizo”
Me contó que hacia la una salió a cazar. Había tenido un altercado con los ingleses y les había disparado, matando a toda la familia. Luego se había deshecho del arma. Yo estaba aterrorizado pero con el viejo no se discute. Me ordenó que no dijera nada a nadie, pero yo se lo conté a Clovis, al que luego también se lo contó padre”.

Clovis no desmiente a su hermano. El comisario, dice, le había enseñado el arma del delito y él se fue a la casa paterna presa de gran agitación: quería verificar si la carabina de su padre seguía estando en su lugar. Una vez verificada su desaparición, preguntó a Gustave, que le confió la terrible historia. En un primer momento se negó a aceptarla, pero luego se lo confirmó el propio Gaston.

La Confesión de Gaston Dominici
“Si Gustave me acusa es porque le habéis pegado”. Ésta es la primera reacción de Gaston Dominici ante la presión del inspector Sebeille. El círculo se va cerrando a su alrededor, pero el viejo sigue negando.
Es la tarde del 13 de noviembre de 1053. Hacia las 22 horas se le da a Gaston una escudilla de sopa. ¿Se suspende el interrogatorio durante las horas de la noche? La policía dice que sí, pero el viejo Dominici lo niega obstinadamente; de todas formas, los periodistas instalados en la calle lateral del palacio de Justicia le Digne, observan que las luces de la biblioteca, donde tiene lugar el interrogatorio, permanecen encendidas toda la noche.


Cordón policial durante la celebración del Juicio

A primeras horas de la tarde del día siguiente, Gustave y Clovis son enfrentados en un careo con el padre, y confirman sus acusaciones. A las 18 horas, Gaston Domicini es confiado a un joven policía, Víctor Guérino, que, fiel a la orden de no dirigirle preguntas directas sobre los hechos, le entretiene conversando en una lengua en la que el campesino se siente a gusto: el provenzal. Hablan de caza y agricultura. De pronto, el viejo rompe a llorar y murmura turbado: 2Ha sido un accidente… ellos me atacaron y los maté a los tres… me tomaron por un ladrón”.

Se trata de la tan esperada confesión. Pasado el primer momento de sorpresa, Víctor Guérino corre a llamar al comisario Prudhomme, pero ante él Gaston calla.
“Hable – le alienta Prudhomme - ¿se avergüenza quizá porque el sexo tiene que ver algo en esto?”
“Exactamente – admite Domicini como aliviado por esta idea – es un pecado de amor”.
Luego le relata que, al detenerse junto a una morera, había visto desnudarse a la mujer y se había acercado a tocarla. En aquel momento apareció el marido y le amenazó. Entonces perdió la cabeza y empezó a disparar. Posteriormente se retractará de todo. En efecto, ante el juez Peirés dirá que el culpable es Gustave y que él se ha acusado para salvarle. El magistrado le deja solo en la habitación para que reflexione. Cuando regresa, Gaston vuelve a confesarse autor del delito, reafirmando el móvil sexual.

El Juicio


Gastón Dominice durante el Juicio

Gastón Dominici es acusado formalmente e ingresa en prisión. Conducido a la granja para reconstruir el delito, se lanza a una carrera desesperada y trata de suicidarse en el río, saltando el parapeto del puente, pero falla y la policía le detiene: luego indica sin vacilaciones el lugar en que guardaba la carabina: el mismo indicado por sus hijos Clovis y Gustave.

A pesar de que durante la celebración del juicio vuelve a proclamarse inocente y grita “he sido para ocupar el lugar de algún otro”, el tribunal le condena a muerte, pero la sentencia queda en suspenso porque los abogados de la defensa anuncian nuevas revelaciones, haciendo que el ministerio del Interior vuelva a abrir la investigación. Los presuntos nuevos hechos anunciados por el acusado se reducen en realidad s muy poca cosa: Gastón afirma que ha oído una conversación entre Gustave e Yvette, de la que se deducía que una tercera persona, probablemente Roger Perrin había transportado el cadáver de la pequeña Elizabeth hasta el lugar en que fue encontrado. Pero Gustave niega haber mantenido tal conversación con su esposa y Gaston no puede probar sus afirmaciones. Sin embargo, a la conclusión de la nueva investigación, los abogados defensores del viejo Dominici logran del presidente de la República que conmute la pena capital por la de la reclusión perpetua.

La familia dominice durante el Juicio

En 1960, Gaston es puesto en libertad. Tiene ochenta y tres años y ha pasado seis en la cárcel. Hijos y nietos se reúnen para celebrarlo. Faltan Germaine con su marido y su hijo Roger, y Clovis, que ha muerto el año antes de cáncer.


Gaston Dominici sale de la cárcel

Aparentemente nada ha cambiado en “Grande Terre”, pero al día siguiente el anciano abandona la granja y se instala en el asilo de Digne; allí se reúne con su mujer, siendo alojada en la sección femenina, “Grande Terre” no tiene ya sentido ni para Gastón.
Gustave la vende y se va a trabajar de albañil a Peyruis. Las posesiones del patriarca se deshacen.

Perduran dos interrogantes: ¿Qué pasó realmente aquella trágica noche? ¿Y por qué?

Fuente de Datos:
*”Los fantasmas de la “Grande Terre” – Los Grandes Enigmas de la Historia – Editorial Planeta

Los Asesinatos De "La Grande Terre" (I)

Posted by Unknown On martes, 29 de noviembre de 2011 0 comentarios


La Grande Terre


La familia Drummond – padre, madre, y una hijita de diez años – es asesinada en plena campiña provenzal, en la noche entre el 4 y el 5 de agosto de 1952. Gastón Dominici, patriarca de una granja llamada “Grande Terre”, es acusado por sus propios hijos.
¿Pero es realmente él el culpable? ¿Cuál es el móvil del crimen?


Las turbias fantasías eróticas de un viejo, una oculta rivalidad entre padres e hijos, una sórdida venganza familiar centrada en la propiedad de un pedazo de tierra, un mal entendido sentido del honor y, además, agentes secretos, ex partisanos, magos, adivinos: las hipótesis más variadas y los personajes más imprevisibles son el telón de fondo de una terrible tragedia ocurrida en una cálida noche de agosto de 1952 en la campiña provenzal. Una familia de vacaciones es asesinada sin ningún motivo aparente.

Es una investigación difícil, delicada: testigos que no son dignos de crédito, mitómanos, periodistas buscando su gloria, todos ellos aparecen empeñados en confundir las huellas.
Avanzando fatigosamente en un mar de mentiras, el comisario rastrea su presa como un sabueso. Frágiles pistas, contradicciones, una duda al responder, una actitud que no resulta convincente: son diminutas piezas del complicado rompecabezas que el policía va reconstruyendo poco a poco.
Sobre todo ello domina la personalidad marcada y arrogante de un anciano patriarca, temido y respetado; a su alrededor, una barrera de silencio que parece imposible romper. Y, sin embargo, la cadena de conveniencias parece aflojarse hasta que hace posible una acusación concreta.
Pero llegados a este punto, todo un juego diabólico de acusaciones, confesiones y retractaciones hace aún más problemática la búsqueda de la verdad.
Habrá un juicio, una condena, pero nada podrá borrar la amarga sensación que pesa sobre todo el asunto.
Una vez más ,de  la sala de un tribunal de Apelación surge un veredicto que no logra aclarar todos los interrogantes.

Los Acontecimientos
5 de agosto de 1952. Seis de la mañana. Por la carretera Marsella-Digne el obrero Jean-Marie Olivier regresa a casa en moto tras el turno de noche. En las cercanías de un sendero que une la carretera estatal con la vía férrea que pasa bajo ella le espera una persona que le pide que se detenga, haciendo gestos con los brazos: “He encontrado un cadáver y he oído varios disparos. Puede que haya otros muertos. Hay que avisar a los gendarmes”.
El que pronuncia estas palabras es Gustave Dominice, uno de los hijos del anciano Gaston, el pintoresco patriarca de la “Grande Terre”, una granja situada en los alrededores.  El motorista reemprende de inmediato su camino hacia Oraison, donde comunica a los policías el dramático mensaje.
El reconocimiento del lugar revela que los nuestros en “Grande Terre” son tres: se trata del matrimonio ingles Drummond, alcanzado por los disparos de una carabina americana encontrada más tarde en el río Durance, y de su hija de diez años de edad, asesinada con la culata de la misma arma. Los Drummond habían venido a Francia a pasar las vacaciones, y en la noche del 4 al 5 de agosto habían decidido acampar en las tierras de los Dominici.

Gastón Dominici

Es acusado del terrible delito el anciano Gaston, que confiesa varias veces su culpabilidad, pero que se retractará de todo en el transcurso del juicio.
Aquellas declaraciones, afirmará, las hizo porque estaba destruido por el agotador interrogatorio, que había durado toda la noche: “No habrían debido hacerle algo así a un hombre de mi edad… Me volvieron realmente loco”.
El 28 de noviembre de 1954, el tribunal de digne le condena a la guillotina, sentencia que después será conmutada por la cadena perpetua. Pero el móvil sigue siendo un misterio. “Mi padre mató a los turistas en un ataque de locura senil”, había afirmado Gustave en una fase del proceso instructorio. Pero también él se retractaría posteriormente de tales declaraciones. Solo su hermano Clovis mantendrá su implacable acusación contra el padre. “¡Víbora!”, le grita éste a la salida de la sesión en que ha sido condenado: “¡Tú sólo quieres la herencia!”.

Una familia destruida, la de los Drummond, otra profundamente herida en su interior: un ambiente de tragedia griega. ¿Fue Gaston Dominici el brutal asesino? ¿Lo hizo solo?  ¿O no participó ni siquiera en el tripe homicidio? En base a nuevas revelaciones prometidas por el acusado, vuelve a abrirse la investigación. Algunos incluso afirman que el crimen tiene relación con la Resistencia y los servicios secretos. A fin de cuentas, el arma del delito es un fusil americano.
Tras seis años de prisión, en julio de 1960, Dominici, de ochenta y tres años, es dejado en libertad. Tiene a su favor dos hechos: su buena conducta y su avanzada edad. Morirá cinco años más tarde en el asilo de Digne, quizá llevándose a la tumba un terrible secreto.

Disparos en la noche
En la tarde del 4 de agosto de 1952, un Hillmann familiar con matrícula inglesa se detiene en la llanura de Lurs, una aldea medieval de Francia meridional, empinada sobre una roca. A bordo del coche viaja la familia Drummond (padre, madre e hija), que ha decidido pasar sus vacaciones en territorio francés.
Sir Jack Drummond, de sesenta y un años de edad es un profesor de bioquímica de la universidad de Londres y que, ahora, dirige la importante industria química Boots. Sus méritos y su sabiduría científica son muy conocidos en su patria. Durante la segunda guerra mundial ha sido el principal experto en el campo de la alimentación. Por los servicios prestados a su país, como el establecimiento de la dieta básica para los militares y la realización de un concentrado proteínico inyectable por vía endovenosa, ha recibido el homenaje de la Corona, que le nombró baronet. Su esposa Ann, es especialista en dietética, le ayuda en su trabajo. Viaja con ellos su hija Elizabeth de diez años.
Ese 4 de agosto, tras presenciar una corrida en Dignes, los Drummond transitan por la carretera estatal Napoleón, en dirección a Villefranche, donde se reunirán con sus amigos Marrian.
Considerando imposible llegar antes de la noche, deciden detenerse y reemprender el viaje al día siguiente. Detienen el coche en las proximidades de un sendero que atraviesa “Grande Terre”, donde se levanta la casa colonial de los Dominici. A pesar de su pretencioso nombre, se trata de una modesta finca de apenas dos hectáreas, con olivos y hierbas medicinales y que se extiende justamente entre la carretera estatal Marsella-Digne (rue Napoleón) y la vía férrea que corre paralela al río Durance. Tras ingerir una frugal comida, los Drummond montan las camas de campaña y se acuestan.

La Familia Drummond

A las 6:30 de la mañana siguiente, los gendarmes de Forcalquier reciben un mensaje de sus colegas de Oraison: en la “Grande Terre” se han oído disparos hacia la una de la mañana y, al amanecer, se ha descubierto un cadáver. El que ha dado la alarma ha sido Gustave Domicini, uno de los hijos del anciano Gaston, el patriarca de la finca.
En realidad son tres los muertos. El sargento Louis Romanet, que se trasladó al lugar con su ayudante para llevar a cabo el primer reconocimiento, descubre junto a Hillmann el cadáver de Ann Drummond; el del marido se encuentra al otro lado de la carretera, mientras el cuerpo de la pequeña Elizabeth yace aún más allá, en dirección al río. Las investigaciones sobre el triple delito le son confiadas al inspector Edmond Sebeille, de la novena brigada de la policía móvil de Marsella.
Cuando el detective llega al lugar del delito, la identidad de las víctimas ya ha sido comprobada por medio de los documentos encontrados en el vehículo. Según la autopsia:

Sir Jack Drummond ha sido alcanzado por dos proyectiles mortales, que penetraron por la espalda. Estaba de pie cuando fue herido por el primer disparo. El segundo lo alcanzó cuando estaba ligeramente inclinado hace delante. Su vejiga está vacía. Su esposa recibió la muerte por tres proyectiles, que penetraron por el pecho y el hombro izquierdo. Debía estar tendida o con el busto ligeramente levantado cuando recibió los disparos. Su agresor debía encontrarse primero al lado izquierdo y luego delante. No ha sido violada.  En cuanto a la niña, presenta dos profundas heridas a ambos lados de la sutura media frontal. Los golpes han sido propinados con enorme violencia por un agresor de gran fuerza. Puede considerarse que la víctima estuviera tendida en el suelo cuando fue golpeada. No ha sido violada”.

Los médicos forenses formulan también la hipótesis de que los Drummond hayan sido asesinados en rápida sucesión, pero que la niña haya muerto tras algunas horas de coma.
En el terreno se encuentran dos proyectiles sin explotar y dos cápsulas vacías. El descubrimiento induce a Sebeille a pensar que el asesino conoce bien el arma del delito. Esta se encuentra en el lecho del río Durance se trata de una carabina Rock-Ola, de las del ejército americano. En un primer examen se observa que el arma ha sido reparada con un trozo de alambre de hierro y con una anilla procedente de una bicicleta. 
Una astilla de madera encontrada junto a la cabeza de Elizabeth casa perfectamente con un fragmento que falta en la culata del arma:  por consiguiente, el asesino, tras haber disparado contra el matrimonio Drummond, se encarnizó con la niña golpeándola con la culata de la carabina.

El Arma

La Familia Dominici
Desde los primeros momentos de la investigación, la atención del comisario se centra en la familia Dominici.
En la casa colonial de “Grande Terre” vive el anciano Gaston con su esposa, Marie Germaine, a la que el marido llama “vieja sardina”; el hijo, Gustave, con su esposa, Yvette, y su hijo Alain.
Gaston Dominici se había trasladado con su familia a “Grande Terre” veinte años antes, adquiriendo la posesión por 10.000 francos. Satisfacía así el sueño de toda una vida de sacrificios y duro trabajo: cultivar una tierra que fuera suya. La “sardina” le dio nueve hijos, algunos de ellos llegaron al mundo con ayuda del padre como improvisada comadrona. Ahora es una mujercita flaca, de débil voz, demasiado dócil ante el marido que a veces han visto amenazarla con un garrote e incluso con el horcón nunca ha traspasado los límites de sus tierras y viste siempre de negro.
El viejo, nacido en Digne en 1877, goza del aprecio de sus vecinos, aunque le consideran de carácter violento, especialmente con la gente que no le gusta, y que empina el codo con frecuencia.

La Familia Dominici

Al avanzar los años, Gustave ha ido sustituyendo al padre en las faenas del campo, y ahora el viejo patriarca se dedica a llevar a pastar a los animales.
Los otros hijos se han casado y viven en los pueblos cercanos.
La policía lleva a cabo los primeros interrogatorios. Gustave declara haber visto a los Drummond alrededor de las ocho de la tarde anterior, cuando fue a examinar un pequeño derrumbamiento de la vía férrea, motivado quizá por un excesivo riego de la finca. Luego había regresado a casa, acostándose enseguida.
En el transcurso de la noche se había despertado dos veces. Hacia las 23, por el ruido de una moto que se había detenido junto a la casa colonial: una voz le había gritado algo a su padre, que había respondido a través de la puerta. Alrededor de la una se había vuelto a despertar al oír varios disparos de armas de fuego. También Ivette y el niño se habían despertado, aterrorizados por los disparos, El miedo hizo que Gustave se quedara en la cama. Hasta las 5:30 de la mañana siguiente no salió para verificar el derrumbamiento sobre la vía férrea. Cuando ascendía por el terraplén que llevaba a los raíles, tropezó con el cuerpo destrozado de la pequeña extranjera. Entonces volvió corriendo sobre sus pasos, hacia la carretera, y detuvo a un motorista pidiéndole que avisara a los agentes.

Por su parte, el viejo Gaston declara que al regresar de su pastoreo matutino, se había trasladado al lugar del delito, del que había sido informado por Gustave, y había asistido a una fase de la inspección llevada a cabo por los agentes antes de la llegada del inspector Sebeille, tratando de ayudar: se sentía orgulloso se haber sido el primero en observar la astilla de madera bajo los cabellos de la niña asesinada, Pero no dice, que posteriormente hubo un largo conciliábulo en la granja, donde toda la familia Dominici se había reunido y en la que probablemente, se definió la actitud que debían de tomar ante los agentes.
Ante el mundo externo, el clan se reunía y formaba un bloque compacto. Pero en aquella sólida muralla se produciría luego una brecha, primero por el derrumbamiento de Gustave, luego por la denuncia de Clovis, uno de los hijos del clan que trabaja como ferroviario y vive en Peyruis.

Gustave Dominice con su esposa y su hijo
En realidad, los Dominici, empezando por Gustave, callaron muchas cosas. En efecto, aquella mañana del 5 de agosto, al dirigirse al trabajo, Clovis se había encontrado con su hermano, que le había confiado algo muy grave: cuando encontró a Elizabeth, la niña estaba aún viva; también le dijo que había oído gritos durante la noche. Clovis le confesó que era mejor no decir nada a la policía para evitar problemas.

El 6 de agosto Sebeille regresa a “Grande Terre” tras haber subido hasta Lurs para enseñar el arma del delito al alcalde, los concejales, así como a varios habitantes del pueblo y la campiña circundante. Nadie la ha reconocido. También los Domicini afirman que no la habían visto nunca antes de que fuera encontrada en el río.

Nuevamente interrogado por Sebeille, Gaston afirma que ha visto a los Drummond la tarde de su llegada, mientras volvía a casa con el rebaño, pero que no ha cruzado con ellos palabra alguna. Confirma la versión de Gustave relativa a la visita de un motorista que gritó algo incomprensible. Eran las 23 pasadas. Desde la ventana le contestó “¡Vete a la cama!”, y volvió a acostarse mientras la moto se alejaba. A la una se había despertado con el ruido de unos disparos, pero no se asomó ni siquiera a la ventana. (Continuará)

Fuente de Datos:
*”Los fantasmas de la “Grande Terre” – Los Grandes Enigmas de la Historia – Editorial Planeta